• El “experto” explicó que no tenía un saque como arma porque era muy chaparro  

POR MAURICIO MÉNDEZ 

A finales de febrero del 2013, tuve la oportunidad de presenciar la calificación varonil del Abierto Mexicano de Tenis en Acapulco, su última versión en tierra batida. 

Seguí de cerca la participación de los mexicanos en el torneo. Me tocó ver a Luis Díaz Barriga enfrentar a Diego Schwartzman. Si soy muy sincero, mis primeras impresiones sobre Diego fue que era un chico no muy alto, con muy buena movilidad e increíblemente no fallaba una bola. El argentino despachó al mexicano en menos de una hora y repito, me llamó la atención que no falló una sola devolución. 

Habría que verlo con un mejor sinodal, pensé en ese momento. Me causó buena impresión, así que al día siguiente decidí ver su último partido de “qualy” ante un croata muy alto y con muy buen saque, Antonio Veic. Fue sorprendente observar a ese argentino, entonces 166 del orbe, no achicarse contra un jugador con mejor posición en ranking ATP y en teoría con mejores golpes. Diego estaba siempre intenso, en todo momento viendo hacia delante y como todo sudamericano se alentaba con cada punto que ganaba. 

En el mismo encuentro, y cercanos a mí, había algunos argentinos. De pronto se escuchó una voz que despertó mi curiosidad porque era un compatriota de Diego, quien se refirió a él con frases como: “tenista limitado”, “extremadamente pequeño” y “sin posibilidades de estar en el ATP Tour por mucho tiempo”. Dicho argentino explicó a sus oyentes: “por muchas ganas que le pusiera a la vida, Schwartzman estaría limitado a no llegar más lejos por no poseer un saque como arma, debido a que era muy chaparro”. Al final Diego calificó al main draw de este Abierto mexicano de Tenis, y a la postre perdería por doble 6-2 en primera ronda, ante ni más ni menos que Rafael Nadal.  

Al siguiente año, Diego ganó el Challenger Tour, levantó cuatro trofeos en esa categoría y se proclamó como el mejor jugador de este tipo de torneos a nivel mundial. 

En 2015, Schwartzman integró el equipo Copa Davis de su país; en 2016 ganó su primer título ATP y rompió la barrera de los 50 mejores jugadores del mundo. En 2017 llegó a cuartos de final del Abierto de Estados Unidos y en 2018 ganó su segundo torneo en la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP), etc. 

El pasado lunes 22 de septiembre, Diego se proclamó finalista del Masters de Roma, donde perdió con el mejor jugador del momento, el serbio Novak Djokovic por 7-5 y 6-3. 

El de Buenos Aires dejó en el camino a Rafael Nadal, rompiendo una sequía en sus primeros nueve compromisos con el español, y ahora está consolidado en la posición décimo tercera del ranking ATP.  Además tiene triunfos importantes con jugadores Top 10, como Alexander Zverev, Kei Nishikori, Karin Khachanov, etc…, posee una consistencia envidiable, un corazón de león y todavía le falta mucho por aportar a este deporte y a su país. 

 “El peque”, quien en el inicio de su carrera tenística estuvo siempre muy limitado económicamente tanto para viajar a torneos como para entrenar, es un ejemplo de quien no se rinde jamás, de cómo ir siempre hacia delante, del esfuerzo que representan las innumerables horas de trabajo y de saber aprovechar las pocas oportunidades que da la vida. ¡Bien por Diego Schwartzman! 

Por cierto, esos argentinos que no le auguraban un buen futuro a Diego Daniel Schwatzman aquella tarde en Acapulco, eran ni más ni menos que Fernando Segal y Gabriel Fainguersch, responsables de las escuelitas IDTC en México, desde hace más de 14 años. 

Recuerdo que al llegar IDTC a México y luego que Segal se instalara como “propulsor” del tenis de alto rendimiento en nuestro país, se nos prometió tener mínimo un par de jugadores top 100 del mundo a nivel ATP o WTA en menos de 10 años, cuestión que jamás sucedió. 

Sí, son estos mismos personajes quienes le vendieron “espejitos” a varios clubes y deportivos alrededor de la República Mexicana. Son los mismos que presumen haber descubierto a David Nalbandian y Guillermo Coria, lo cual nunca fue cierto. 

Ya ni hablemos de todo lo que Fernando Segal hizo de manera incorrecta y poco transparente dentro de la Federación Mexicana de Tenis durante su estancia como directivo de ese organismo. ¡Pero eso es harina de otro costal! 

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